Todas las noches al sonar las señoriales campanadas del tiempo, esas que invocan a la madrugada, justo cuando la noche se destina a morir y a nacer al mismo tiempo, velas se encienden dando tonos a las oscuras rocas del castillo. Despiertan las sombras y danzan entre la brisa, con vehemente sentimiento que solo se deja guiar por los cantos de los espíritus, una y otra vez.
Cuervos del destino traen en su pico flores de muertos para que las doncellas de las tinieblas puedan colocarlas en su cabellos, al tiempo que ríen las brujas en el corazón el bosque, murmuran los troll´s y los custodios se pasean en la inmensidad de la noche. Sueñen, en sus tibios lechos, cierren los ojos y dejen que sus almas vengan a danzar entre las sombras que en la bruma susurran. La realidad es un sueño del cual se despierta solo cuando se está dormido. El temor es para los que son prisioneros de sus pesadillas y la libertad es la corona de aquellos que juegan y recrean su voluntad en sus propias pesadillas. Mira la luna y admira su pálida belleza, su sereno rostro que refleja una sonrisa tras el cristal de la ventana.
Y canta, canta la dama de la noche en la torre del castillo, invitando a las sombras de la noche, venid, venid y sean parte de mi canto y mi voz en tu voz serán un eco que sea el terror en medio de la naturaleza, en honor a Hécate.

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