¿Algún comienzo?

En este castillo he estado desde hace tiempos inmemorables durmiendo y soñando con la realidad que ahora conoces, dando forma a líneas deformes. Besando la oscuridad en su inmensidad como un ave que se entrega al viento en su vuelo.


MarGabrielle

sábado, 14 de mayo de 2011

El Calabozo


Atormentados alaridos salpican los aires con brutal ira, el horror permanece murmurante en las celdas en las que muchas almas quedaron aprisionadas con su tristeza, la esperanza fue confinada en lo más profundo de esta mazmorra indigna, clamando por un minuto de libertad. Los sucios huesos quedaron entre cadenas y mesas de tortura.

- ¡Oh Señor de los cielos ten piedad!

Pero la ayuda no llego en su suplica, aun a su santa doncella maternal quien de mirada piadosa nos les miro, ni sus salvadores alados no vinieron con espadas de luz que rompieran sus cadenas, pobres seres cautivos, siento tanta pena en su clamor y en los alaridos de dolor.  Pero solo les veo y no puedo llorar porque al verles recuerdo su risa frívola, sus ojos maliciosos con los que demostraban su perversidad, y que no escuchaban los clamores de piedad.

- ¡No! por favor no.

No tuvieron piedad de unas lágrimas que contaban el sufrimiento de un cuerpo en agonía, lentamente se partió como una escultura de cristal entre brutas manos, tras carcajadas despiadadas y miradas indiferentes.  Hoy me reflejo en las pupilas apagada de los cuerpos que una vez causaron tanto dolor y que clamaban sin memoria de su pecado:

- ¡Oh Señor de los cielos ten piedad!

La piedad es una hermosa escultura de mármol que custodia los resto de algún noble o se muestra como arte funerario, en tiempos de barbaros y bestias como estos despojos que agonizan y mueren en este calabozo. La justicia no siempre es una venganza sino que son la cosecha de lo que se siembra en la vida.  Las víctimas son luces que resplandecen en la agonía de los tiranos que al arden en su pecado claman por su calor y algo de paz.


No hay comentarios:

Publicar un comentario