Las entidades suelen venir a este viejo salón roído por el tiempo y la humedad, algunas solo se posan silenciosas como gárgolas que ven al mundo desde los cristales empañados de los vitrales, otros charlan entre sí en lenguas indescriptibles, pero hermosas. Juegan entre las paredes y los dinteles de las puertas, se posan en el techo y danzan con las sombras del lugar, coquetean con los fantasmas y ríen en la inmensidad, manipulando el tiempo con sus manos.
Entran y salen constantemente, se les ve desfilar en sus miles de presencias unas muy distintas de otras, en su gala de misterio, tan presentes y a su vez tan ajenas a esta realidad. Casi perfectas, entran en la mente y tejen sueños con múltiples diseños, esculcan los sentimientos, armándolos y desarmándolos como un rompecabezas infinito. Extraen la música, del corazón y hacen su gran opera de voces astrales que resuenan en las viejas paredes de piedra. Los duendes les ven y ríen, estos les miran y murmuran.
Pálidos dioses de mármol que duermen con o sin esperanza de ser alguna vez despertados, escuchan y guardan los secretos en su infinito haber del existir. Los ojos solo ven un viejo salón roído por el tiempo, húmedo y vacío, donde no permanece estático y hace presencia el silencio, sólo un salón abandonado por los que una vez lo habitaron, triste y agobiado. Salón de las Entidades.

No hay comentarios:
Publicar un comentario