Tempestuosos han permanecido los cielos enredados en nubes negras amenazadoras descargando rayos y rugidos potentes, mientras la brisa azota con descaro los ventanales y comienza el réquiem de mis sueños perdidos, para ver la gloria del reinado de las tinieblas. Ya no hay culpas ni arrepentimientos por aquellas palabras condenadas que nos han arrastrado a los rincones más profundos del ser infinito.
- - Tengan Piedad de nosotros.
Piedad deberíamos tener por aquellos que desperdician la redención de sus placeres, abraza esta oscuridad como si fuera tu amante y deja que te arrastre por la inmensidad de su plenitud, porque no hay mayor armonía que la voluntad convertida en ley, porque no hay nada que pueda condenar el alma más que el miedo.
- - En tus labios y tu piel no hay temor.
En mis labios arden los deseos y el dulce veneno que no mata pero que te lleva al despertar infinito, evocando a los antiguos y a todo lo digno de ser nombrado, impregnar el juicio a los hombres de débil corazón. Mi piel es el camino más directo a la perdición, atrae como la luz de la luna en la inmensidad de los bosques pero aun en su majestad es totalmente intangible.
- - Haced de mí lo que dispongas.
Hermano sombra, somos solo una pequeña parte de la inmensidad, te refugiare en mi seno y yo en tu pecho, cuando la luz resplandezca sobre nuestras cabezas, aun así derrotados no seremos, porque mi sangre será tu sangre y mi alma parte de tu alma. No hay unión más fuerte que la de dos personas hechas perfectamente para permanecer juntas, has sido mi negra salvación, tu entenebrecido corazón fue el que me salvo, simplemente amarte es cosa de cualquiera pero entregarte todo mi ser y hacernos uno en el tiempo y el espacio solo es el comienzo de lo que no tiene fin.
Me entregas tu existir como quien se ofrece en sacrificio a una Diosa antigua, celosa y calmante de holocaustos en su nombre, pero es tu ímpetu y el poder que destilan tus ojos inmensos lo que me obsesiona a tu ser, deseando poseerte y dejarme a merced de tus deseos. Sientes la calma cuando nuestras miradas se cruzan, es solo aquella quietud que anuncia la proximidad de una gran tormenta, eres libre de elegir a donde ir, porque estaré en ti. 
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